La rápida incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario está generando nuevas oportunidades, pero también importantes interrogantes éticos y deontológicos. En este contexto, el artículo que presentamos a continuación —publicado en el Anuario iSanidadental 2025 y firmado por la Presidenta del Colegio de Dentistas de Extremadura, María Paz Moro, y por el Asesor Jurídico de la institución, Juan Ramón Corvillo— ofrece una reflexión profunda sobre los retos que la Odontología debe afrontar para garantizar un uso responsable, seguro y alineado con los principios profesionales. Invitamos a todos los colegiados y profesionales interesados a leer este análisis, que contribuye a entender mejor el futuro digital de nuestra práctica clínica.
La odontología del siglo XXI avanza a una velocidad vertiginosa. La inteligencia artificial (IA), la planificación digital y el ejercicio de la profesión odontológica basada en datos están transformando la forma en que se diagnostica, planifica y ejecuta un tratamiento.
Sin embargo, este progreso no puede medirse solo en términos de precisión o eficiencia. El Código Español de Ética y Deontología Dental nos recuerda que la esencia del acto clínico sigue siendo moral y humanista: el dentista «es el principal agente de la preservación de la salud oral» y debe ejercer «con calidad y eficiencia, pero dentro de un ejercicio profesional fundamentalmente humanitario» (artículos 7 y 14).
El artículo 13 del Código señala que el dentista debe actuar conforme a la lex artis ad hoc, atendiendo «al conocimiento científico del momento y la situación». Esto implica que la incorporación de herramientas como la IA diagnóstica o los algoritmos de planificación quirúrgica debe basarse en evidencia validada y no en simple novedad tecnológica.
El artículo 48 añada que el profesional «debe ser cauteloso a la hora de poner en práctica nuevos procedimientos o emplear nuevos materiales», evitando su explotación publicitaria hasta que estén contrastados. En la actualidad, esta prudencia ética es más necesaria que nunca ante la presión comercial de las plataformas tecnológicas y la promesa de resultados inmediatos. La digitalización también ha traído un nuevo tipo de responsabilidad para los dentistas: la protección de la información clínica almacenada en archivos informáticos.
El Código dedica un capítulo completo al secreto profesional (artículos del 29 al 34), recordando que el deber de confidencialidad es un pilar de la relación dentista-paciente y que se extiende incluso tras la muerte del paciente.
La IA, al requerir grandes volúmenes de datos clínicos, radiográficos y fotográficos para su entrenamiento, plantea retos inéditos. Según el artículo 34, «ningún sistema de informatización comprometerá el derecho del paciente a la intimidad». Por tanto, el uso de bases de datos odontológicas o software de diagnóstico inteligente solo puede considerarse ético si garantiza la confidencialidad y el control profesional sobre los datos.
El dentista, además de clínico competente, debe ser, pues, también custodio del secreto digital. El artículo 8 del Código establece que la formación continuada es «un deber ético, un derecho y una responsabilidad de todos los dentistas«. En la era de la IA, esta formación debe incluir, por supuesto, conocimientos científicos y técnicos, pero también competencias digitales y criterios deontológicos sobre el uso responsable de la tecnología. El artículo 40 refuerza esta obligación al recordar que el profesional tiene el deber «ineludible de mantener actualizada su formación científica y humanística durante toda su vida profesional«. Frente a la automatización, la mejor respuesta ética es la educación permanente y crítica. Aunque los algoritmos prometen objetividad, el artículo 12 del Código recuerda que «la principal lealtad del dentista es la que debe a su paciente». Ninguna herramienta puede sustituir el juicio clínico ni la empatía en la relación asistencial.
La IA puede sugerir un diagnóstico, pero únicamente el profesional, guiado por la conciencia y la ética, puede decidir la mejor opción para una persona concreta. La tecnología, sin una base moral sólida, corre el riesgo de convertir al paciente en un dato más y al profesional en un mero operador de software.
Conclusión
La inteligencia artificial representa un avance trascendental en la odontología, pero también un desafío ético de primera magnitud. El dentista del futuro deberá integrar la tecnología sin perder de vista los valores humanistas que sustenta la profesión. La prudencia, la formación continua y la defensa del secreto profesional deben guiar el uso de la IA para garantizar que la innovación no desplace a la ética, sino que la refuerce. Solo así la odontología digital podrá mantener su esencia: servir al paciente con ciencia, conciencia y humanidad.
Aquí podéis leer por completo el Anuario iSanidadental 2025
Avenida Virgen de la Montaña 28, Entreplanta.
10002 Cáceres
Tlfo.: 927 241 060
e-mail: colegio@dentistasextremadura.es
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