“Soy combativo con quien engaña o antepone sus beneficios económicos a las necesidades de los pacientes.”

Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas de España, visitó Cáceres con motivo de la inauguración de la nueva sede del Colegio de Dentistas de Extremadura, que calificó como una de las más modernas y funcionales que ha visto.

Durante su estancia en nuestra región repasó algunos de los desafíos que tiene pendiente la Odontología en este país.

  1. Es su segundo mandato como presidente del Consejo General de Dentistas de España. ¿Qué balance hace de estos casi 5 años al frente de la Organización Colegial?

En lo personal bastante positivo. Ahora bien, viéndolo en conjunto, te das cuenta de que la profesión está cada vez peor.

  1. ¿Por qué? ¿Cuáles son los principales retos que afronta actualmente el Consejo de Dentistas de España?

La plétora profesional aumenta. Todos los años se forman más de 1750 dentistas. En 2020 llegaremos a ser 40 mil dentistas en toda España.

La proliferación del número de empresarios y de fondos buitres, que después de haber esquilmado el ladrillo – con la consiguiente burbuja inmobiliaria que tuvimos – han pasado por distintos tipos de negocio. Ahora parece que han visto que en el sector de la salud tienen un huerto magnífico para poner sus sucias manos sobre la salud de los españoles. Y no sucede únicamente en el campo odontológico, también lo podemos encontrar en otras disciplinas médico-sanitarias como la estética y la oftalmología. Pero, sin duda, la punta de lanza está siendo en la odontología. Todo esto está dando lugar a la lucha por parte de los colegios de dentistas y el Consejo. Intentamos que la ley de sociedades se cumpla y que no se acepten sociedades de intermediación y donde la mayoría del accionariado esté en manos de los profesionales.

Por otro lado, la publicidad engañosa. Después de muchas luchas, conseguimos que un partido político – en este caso el Partido Popular – promulgara un proyecto de ley de publicidad sanitaria que fue apoyado por todos los consejos sanitarios – médicos, farmacéuticos, veterinarios y dentistas. - Al convocarse elecciones, todo se ha quedado parado, aunque sí hay un compromiso por parte de ese grupo político para continuar con ello.

La cuarta pata del asunto es el tema de las especialidades. España es, junto a Austria y Luxemburgo, el único país de Europa en el que las especialidades no están reguladas. En el caso de Austria se está legislando y en Luxemburgo, debido al número de habitantes, no hay una facultad de Odontología, por lo tanto, no es valorable. Así que la única formación que obtienen los dentistas que finalizan su graduado es a través de los másteres y los títulos propios. Estos no son económicos y no tienen ninguna validez académica o le dan una competencia extraordinaria.

  1. ¿Y cuál es la vía para resolver el problema de las especialidades?

La única vía es la política. Tanto el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Universidad como el Ministerio de Sanidad, deben entender la necesidad que tenemos y articular las medidas necesarias. Desde luego, las partes implicadas – la Universidad, el Consejo General de Dentistas de España y las sociedades científicas – estén de acuerdo y así lo refrendamos en 2014 mediante un documento. Sin embargo, con el cambio político y la convocatoria de elecciones es más complicado.

En los 4 años y medio que llevo en el cargo he llegado a conocer a 5 ministros de Sanidad. Yo lo llamo el juego de la oca colegial porque cada vez que hay un nuevo ministro, el equipo también es nuevo y vuelves a la casilla de inicio de nuevo: contarle en qué consiste y por qué es conveniente la creación de especialidades, una y otra vez.

  1. Usted es especialmente combativo con las franquicias y cadenas low cost. ¿Cómo repercuten estos negocios en la salud bucodental de los pacientes?

No, yo no soy especialmente combativo. Partimos de la base de que cualquier modelo de negocio tiene cabida siempre que se haga de una forma ética, deontológica y siempre cumpliéndose la normas en nuestro ejercicio profesional que es el sanitario.

Cuando una cadena marquista ofrece una Tablet como intercambio en un tratamiento o como un gancho para iniciarlo, pues lógicamente está anteponiendo un bien. Se cosifica lo que es el tratamiento sanitario de tal forma que se pasa a vender un tratamiento en lugar de hacer entender al paciente que beneficiará su salud o mejorará su estética. Y es que cuando una persona está satisfecha con su cuerpo, se consiguen ventajas a nivel físico, pero también un equilibrio psicológico.

Pero lo que sí quiero dejar claro es que yo soy combativo con quien engaña o antepone sus beneficios económicos a las necesidades de los pacientes.

  1. Otro de los problemas es el intrusismo profesional. En Extremadura, algunos dirigentes lo han fomentado entre sus propios colegiados.

En esto sí confieso ser combativo. Lo que ocurre en este país es que, muchas veces, en aras de la libertad de expresión, se pueden llegar a decir verdaderas barbaridades. Dirigentes de colegios de protésicos han asegurado que pueden tocar la boca cuando eso está legislado. La ley dice que el protésico solo se dedica al positivado de los modelos y que trabaja para el dentista; el responsable de todo el tratamiento es el dentista.

El problema es que a base de insistir como decía Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, “una mentira repetida mil veces, al final se convierte en una verdad”, la gente se lo acaba creyendo. Cuando alguien vea anunciado en la puerta de un colegio oficial que un protésico es el encargado de preservar su boca o de fabricarle una prótesis, el paciente debe saber que está mintiendo. Y por eso ocurren casos como el de iDental.

Desde los colegios de dentistas no realizamos una labor policial. Son los propios pacientes damnificados de estos desalmados quienes denuncian. Nosotros lo ponemos en conocimiento de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado; después los jueces son los que los condenan. Pocos intrusos quedan absueltos cuando se demuestra que han cometido el delito por el que se les acusa.

  1. De hecho, en declaraciones recientes señala que en 2020 el intrusismo iba a desaparecer del sector odontológico español.

Mucha gente cree que todo el mundo es impune. Al final, aunque la justicia es lenta suele ser implacable. Para que deje de existir, las penas deben ser ejemplarizantes para su entorno y lo suficientemente cuantiosas, ya sea con dinero o yendo a prisión.

Lo que no puede ser es que al intruso le salga rentable. Si este le cobra al paciente 2000 euros y la multa que debe pagar es de 2000 euros, el intrusismo profesional no dejará de existir.

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