En más de una ocasión algún cliente, después de analizar un supuesto fáctico determinado en el que el mismo haya intervenido profesionalmente, me ha realizado la siguiente pregunta: “Pero ¿qué es realmente la lex artis ad hoc?” Y verdaderamente la respuesta a la misma no es precisamente fácil.

En los supuestos de responsabilidad civil profesional en general, y en los de responsabilidad médica en particular, para que pueda emerger esa responsabilidad se requiere que haya existido una culpa o negligencia por parte del profesional, en este último caso del profesional que ha ejecutado el acto médico. No se trata, como muchos erróneamente interpretan -o pretenden- que por el solo hecho de un resultado dañoso el responsable sea el profesional, ni que sea éste quien tenga que probar su ausencia de culpa. Se trata, y ahí es donde entra la “lex artis ad hoc”, de examinar esas “reglas de oficio” cuyo obedecimiento pueda servir para acreditar que el profesional ha puesto todos los medios a su alcance para evitar el evento dañoso.

En definitiva, y ya dentro del ámbito sanitario, el profesional ha de mantener unos determinados niveles de calidad científica que hagan que sus servicios lleguen en debidas condiciones al paciente; ha de desplegar su actividad con la diligencia media de un buen profesional del ramo, esa diligencia que se espera tanto de su específica preparación científica como de su experiencia en la práctica. Dentro de esos deberes, y nunca hemos de olvidarlo, se encuentra el de información previo al consentimiento informado, cuyo incumplimiento puede hacer aparecer la responsabilidad del facultativo sanitario. Y como muestra de ello tenemos la Sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia (Sección 9.ª) de 27 de junio de 2014, de la que se transcribe el siguiente extracto:

“No debe entonces confundirse con la necesidad o exigencia del consentimiento con la información que con carácter general exige la ley en todo procedimiento y tratamiento médico al médico que ha de llevarlo a cabo, de manera que la ausencia de información que ha sido constatada en este caso conlleva una infracción a la "lex artis" siendo elemento esencial del contrato de arrendamiento de servicios médicos la aplicación por parte del médico de la "Lex artis ad hoc", y esta no se limita única y exclusivamente al conocimiento y aplicación de la técnica médica y los avances de la misma conforme al tiempo y el lugar del acto, sino que va más allá de la exigibilidad de la mera técnica profesional abarcando el ámbito deontológico y el compromiso no solo profesional - en cuanto a técnica- sino también moral respecto de los derechos inherentes a la naturaleza humana, así la STS de 2-10-97, núm. 830/1997 (RJ 1997, 7405) , rec.1104/1.993 sostenía que "El substrato de todo contrato de arrendamiento de servicios médicos, está constituido por lo que doctrinalmente se denomina "lex artis ad hoc", que no significa otra cosa que los criterios médicos a tomar han de ceñirse a los que se estimen correctos para una situación concreta, siempre con base a la "libertad clínica" y a la prudencia, entre otras palabras, como dice la sentencia de esta Sala de 25 de abril de 1994 (RJ 1994, 3073) que la "lex artis ad hoc" es tomar en consideración el caso concreto en que se produce la actuación o intervención médica y las circunstancias en que la misma se desarrolla, así como las incidencias inseparables en el normal actuar profesional, teniendo en cuenta las especiales características del actor del acto médico, de la profesión, de la complejidad y trascendencia vital del paciente y, en su caso, la influencia de otros factores endógenos -estado e intervención del enfermo-, o exógenos - la influencia de sus familiares o de la misma organización sanitaria-, para calificar dicho acto como conforme o no a la técnica medica normal requerida.

Un elemento esencial de esa "lex artis ad hoc" o núcleo esencial del contrato de arrendamiento de servicios médicos, es el de la obligación de informar al paciente, de modo tal que como elemento constituyente de la "lex artis ad hoc", como un deber del profesional médico y un derecho del paciente, y así lo pone de manifiesto la STS de 23-7-2003, núm. 784/2003 (RJ 2003, 5462) , rec. 4013/1.997 "Respecto al deber/derecho de información se tiene declarado por la jurisprudencia de esta Sala, entre otras sentencias: Sentencia 13-4-99 (RJ 1999, 2583) : "...En cuanto a la esencia a que debe referirse el derecho o deber de información, no es posible exponer un modelo prefijado, que albergue "a priori" todo el vasto contenido de dicha información, si bien abarcaría como mínimo y, en sustancia, por un lado, la exposición de las características de la intervención quirúrgica que se propone, en segundo lugar, las ventajas o inconvenientes de dicha intervención, en tercer lugar, los riesgos de la misma, en cuarto lugar, el proceso previsible del post-operatorio e, incluso en quinto lugar, el contraste con la residual situación ajena o el margen a esa intervención; al respecto se expone en Sentencia de 2-10-1997 (RJ 1997, 7405) de esta Sala: -Un elemento esencial de la “lex artis ad hoc” o núcleo esencial del contrato de arrendamiento de servicios médicos es el de la obligación de informar al paciente o, en su caso, a los familiares del mismo. Para definir lo que se puede estimar como información correcta hay que recurrir al art. 10.5 L. 14/1986 de 25 de abril (RCL 1986, 1316) ( Ley General de Sanidad (RCL 1986, 1316) ), precepto que especifica que el paciente o sus familiares tienen derecho a que, en términos comprensibles para él y sus allegados, se les dé información completa y continuada, verbal y escrita, sobre su proceso, incluyendo diagnóstico, pronóstico y alternativas de tratamiento.”

Juan Ramón Corvillo Repullo

Abogado del Colegio de Dentistas de Extremadura

www.corvilloabogados.com

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